
florecer,
incluso en un atardecer condicionante,
y ya no ser,
y ser uno solo con el porqué de tu sonrisa ametrallante.
vuelvo y vuelvo a mi cálido vacío de otoño,
en espera de un reverdecer entre tus brazos,
a sabiendas de un no se qué,
con la alegría inexplicable de enraizarme en cada uno de tus abrazos.
ya no le temo a la fría noche al descubierto,
pues el constelado manto nocturno me arropa y seduce,
pues le sonrío a la incertidumbre precisa,
y destruyo la distancia que enajena y separa.
abrazo la espesa neblina de tu bosque escarpado,
y me dejo llevar por la insinuación de tus ojos en cuarto menguante.
mi jardín ya florece y me parece verte,
tras balcones de melancolía incierta,
bajo una Luna confidente y derretida,
yo te besé,
y acaricié tiernamente tu inocencia nocturna,
y exploté en júbilo,
bebí tus lágrimas.
y te envolví en pétalos de girasol.
y te prometí una constelación tuya y mía,
un lugar apartado de todo esto,
floreciendo en tus ojos,
adormecido sobre tu pecosa existencia,
el olor a tierra húmeda,
tu sonrisa,
mi juventud.
Fabrizio