
La sutil danza no termina aquí,
siente como te besa la algarabía,
todo este asunto, y las complicaciones intrascendentes de la vida.
Toma mi mano y dancemos,
demos vueltas sobre toda la podredumbre de las insinuaciones,
y ríamonos a costa de la penuria,
que miles de inflorescencias nos perfuman la sonrisa.
Y me voy sintiendo música por dentro,
y tú te vas convirtiendo en un vals de aquellos de antaño,
nada de esto debe resultarte ya algo incierto,
pues es la vida un regalo que nos rejuvenece con el pasar de los años.
Es el mundo un instante pasajero hermana mía,
una danza acompañada de instrumentos orientales,
bailemos al ritmo de la silente cítara gloriosa de alegría,
hasta que nuestros pies se conviertan en aguaceros torrenciales.
Dedícale tus mejores pasos de galante dicha al soleado y celeste firmamento,
toma mi mano y celebremos con dicha y mística,
embriaguemonos con la Luna y las estrellas en este baile lento,
y seamos uno con el despertar de las jacarandas y las margaritas.
Fabrizio Aragón